Carta de despedida a un maestro

Por Maribel Brito

Hoy me levanté muy contenta, no en vano era mi primer día de vacaciones. Entró un mensaje en mi móvil. Era mi amiga Brigitte desde Pekín, pero esta vez me escribía una triste noticia. Mi querido maestro Zhu Sheng An nos decía adiós para siempre.

Tras un invierno duro su enorme corazón no pudo resistir una triple operación de by-pass. Estaba muy débil y se paró.

Mi corazón está lleno de tristeza. Sólo conviví contigo tres semanas, cuando hace dos años viajaste a España, saliendo por primera vez de tu China natal, y viniste aquí a enseñarnos una bonita forma de Tai Chi que tú creaste basada en las formas antiguas de la familia Yang, nuestra familia. Durante ese tiempo trabajamos duro y compartimos muchas cosas de nuestras diferentes culturas.

Nos hablaste de tu país, de tu vida, de cómo comenzaste a aprender Tai Chi imitando a tu abuelo cuando éste practicaba en el patio de la casa y de cómo te cultivaste en las artes marciales y te convertiste en un reputado médico de medicina tradicional, gracias a tu maestra, con la que te fuiste a vivir trabajando como su criado a cambio de recibir su enseñanza. Hoy los tiempos han cambiado, me dijiste, y aunque nadie ya entrega sus bienes para aprender Tai Chi, aún quedamos en China maestros a los que los alumnos nos ofrecen la ceremonia del té para que les aceptemos como discípulos. Y así entre duras clases en las que nos tenías mucho tiempo haciendo Ji- ben-gong donde tú sonreías y nosotros, pobres occidentales, sufríamos de dolor de piernas aprendimos esa preciosa forma que salía por primera vez de China y que hoy siento el orgullo de poseer y practicar.

Y una tarde, cuando ya quedaban pocos días para tu regreso, allí en el salón de tu casa nos dijiste a Javier y a mi que aunque no te habíamos hecho la ceremonia del té, tenias el honor de aceptarnos como discípulos. Fue muy emocionante y hoy, aún me estremezco al recordarlo y me enorgullezco no solo de haber sido tu alumna, sino también de haber sido tu amiga.

Durante estos dos últimos años no hemos perdido el contacto, siempre nuestra querida amiga Brigitte nos ha servido de enlace traduciendo los mensajes que nos enviábamos por el mail y, cada vez que ella regresaba a España,  nos corregías movimientos de la forma que la distancia nos hacía modificar. Ahora esto ya no va a volver a ser posible, pero se que desde donde quieras que estés, cuando me veas practicar, le dirás a Yang Lu Chan: “¿Ves a esa narizotas del pelo rojo de allá abajo?. Es mi discípula.

Hasta siempre mi querido Zhu Lahosi, mientras nosotros estemos aquí, practicando tus enseñanzas, tu permanecerás vivo en nuestros corazones.