Crónica del Taijidao de Estilo Yang (versión de Chen Yanlin)

Por Nuria Ortiz y Mercedes Molpeceres

Y por fin llegó el esperado fin de semana, Sam Masich de nuevo en Madrid para enseñarnos con generosidad una forma de sable de taichi. Solo tengo palabras de agradecimiento para un maestro que comparte los “secretos” del arte del taichi y es capaz de ayudarnos a asimilar una forma de 32 movimientos en solo tres días. Y todo ello en un marco incomparable, para los nostálgicos de las artes marciales chinas tradicionales, el gimnasio de Serrato.

Esta forma, apareció publicada por primera vez en 1943 en el manual de Chen Yanlin (陳炎林) “Boxeo de taiji, sable, espada, lanza y combate recopilado”, y además de los dibujos originales – que lógicamente no muestran todas las transiciones entre movimientos – solo se conserva mediante tradición oral. Mi primera experiencia realmente emocionante al enfrentarme a una forma que muy pocos practican.

Y allí estaba yo, el viernes, con mi sable, y una sonrisa. Comenzamos…paso, formar las siete estrellas, giro, formas las siete estrellas, la grulla blanca extiende sus alas… movimientos de sable que también aparecen en las formas de mano vacía y que fluían cada vez con más claridad y detalle… nuevamente desde el inicio, un nuevo movimiento, practicamos, y volvemos al inicio. Y así acabó el viernes, con las piernas destrozadas, y pensando en el largo fin de semana que me esperaba. No pude irme a dormir sin repasar los primeros movimientos aprendidos en el salón.

A la mañana siguiente, estaba a primera hora en la puerta de entrada de Wudao, esperando con ansiedad continuar con la forma. La bella dama trabaja la lanzadera…, practicamos en un estupendo ambiente de compañerismo, pues la mayoría tenemos la suerte de conocernos de las clases regulares, y después un movimiento tras otro. Sam Masich, con una paciencia infinita nos repite los movimientos tan despacio como le pidamos, pues con un arma en la mano a la coordinación del cuerpo se añade un elemento adicional que también debemos recordar.

Viento alrededor de la cabeza, y viento alrededor de la cabeza y nuevamente pasamos el sable por encima de la cabeza, un movimiento muy habitual en el kungfu pero al que no estaba acostumbrada en absoluto y que me desespera. Las posibilidades de repetir cada movimiento a lo largo de la clase me permiten seguir avanzando, pero me digo a mi misma que este viento no me va a ser fácil.

Doble patada elevadora y se acaba el sábado, el domingo las piernas sufren las agujetas… y todavía queda todo el día por delante. Más patadas para comenzar la mañana, esta vez es el pato mandarín. Comemos juntos después de acabar la forma, ya habrá tiempo para repasar después. Algunos de los compañeros de fatigas tienen que volver a casa, fuera de Madrid. Después de la comida, en un restaurante chino, para continuar en el ambiente oriental, continúa el repaso de la forma completa, una y otra vez. Y mi mente no deja de pensar en todo lo que he aprendido en solo tres días, una forma completa de Yang… gracias Sam Masich.

Hasta luego querido maestro, sé que en agosto volverás a Madrid, seguramente no estaré aquí en esa ocasión pero sé que habrá otras. Al despedirnos me preguntaste si seguiría practicando esta forma, y yo te contesté rápidamente que sí, espero cumplir mi palabra, pues me decepcionaría a mi misma no aprovechar esta oportunidad para cuidar un tesoro. El tesoro que nos has regalado.

Nuria Ortiz

 

A mi llegada a Madrid me recibió una tarde de viernes bastante nublada que el siempre hospitalario anfitrión, Javier Arnanz y el resto de los compañeros de aprendeTaichi supieron hacerme olvidar como por ensalmo. El motivo de nuestra reunión era otro de los siempre cuidadosamente seleccionados cursos de Tai Chi Chuan impartidos por el Maestro Sam Masich.

En esta ocasión el reto era aprender a trabajar con los principios y poderes básicos del sable utilizando como instrumento para este viaje una auténtica “rara avis” entre las formas de sable del estilo Yang: la variante de Chen Yanlin. Marcado el objetivo, era el momento de ponerse manos a la obra.

Desde los primeros movimientos creo que todos tuvimos claro, incluso los más novatillos como yo, que el camino sería exigente, pero estaría plagado de pequeñas y gratificantes recompensas, y así fue sin duda alguna en mi caso. Mi primera forma de sable resultó ser: tan variada como para despertar mi curiosidad por el siguiente movimiento y, al mismo tiempo, incluyendo algunas repeticiones para experimentar la grata sensación de regresar por un momento a terreno ya explorado; suficientemente accesible como para no desanimar a los noveles y, a la vez, puntualmente tan exigente como para mantener el interés de los ya iniciados y azuzar el pundonor de los recién llegados; suficientemente corta como para poder memorizarla y asentarla durante un intenso fin de semana, pero suficientemente larga como para sentir la satisfacción de terminarla al concluir su ejecución. Por supuesto, esta incursión en el mundo del “Dao” no hubiera sido ni parecida sin la profesionalidad y el bagaje humano que caracteriza al Maestro Sam Masich, siempre afable, comunicativo y próximo a todos.

Me encantó esta forma de sable y agradezco a Javier Arnanz su siempre comedida pero persistente insistencia para que me uniera a ellos este pasado fin de semana. Seguro que mi opinión no es muy objetiva y está fuertemente influida por el hecho de que es mi primera forma de sable y por haber tenido la enorme suerte de aprenderla y practicarla entre amigos ………….…pero la razón poco importa, es la ilusión por practicar lo que realmente cuenta ¿no? Pues bien, de esa ilusión regresé a Valladolid con la maleta a rebosar.

Y, por supuesto, también me traje de Madrid otro motivo (que se une a la forma de 5 secciones de espada, al método de empuje de 4 manos de Yang y al San Shou de 88 de Yang) para compartir práctica con los chicos de aprendeTaichi en cuanto volvamos a reunirnos. ¡Confío y deseo que sea muy pronto!

María de las Mercedes Molpeceres Abella
Valladolid, 4 de abril de 2011