Seminario ocho métodos de disco

Uno dos tres…cinco, ocho métodos de disco. Una mano, dos manos, círculo horizontal, neutralizar, realizar una palanca, liberar la presión, empuje descentrado. Que clase de lenguaje era ese?.  ¿Qué eran todos esos movimientos tan desconocidos?.  Tan parecidos que no podía diferenciar cuando se producían los cambios?.  No podré con esto. No lo entiendo. No lo capto. Cada vez estaba más oscuro.

Cuando Javier nos anunció el ciclo “de manos sensibles al Empuje de manos”, pensé: esta es mi oportunidad de descifrar el lenguaje, de conocer los movimientos. Este es mi Ciclo.

Esta tarde mientras el autobús me lleva a casa recuerdo la razón de muchos movimientos, de cintura de cadera, manos brazos codos. Todo tiene una intención, una dirección, una sensación. Aquello que me pareció un juego rítmico de manos y brazos incomprensible, acompañado de palabras desconocidas; ahora tiene sentido. Aquello que me pareció imposible ahora me parece difícil pero no inalcanzable.

En este fin de semana  Javier ha explicado la técnica y junto a Maribel nos ha expuesto la práctica una y otra vez;  incansables, con buen humor, con interés y paciencia hacia todos y cada uno.

Los compañeros más avanzados me han ayudado insistiendo en aquello que visto y entendido se me escapa, vuelven a recordarme que tengo cintura y que tengo cadera, que ahora hay presión en estos puntos, que no empuje que ahora toca soportar y así una vez y otra y otra; me han ido repitiendo las mismas palabras de Javier y poco a poco se me han ido haciendo familiares los movimientos y he ido pasando de la tensión a la concentración.

Si para los que empezamos el empuje de manos es un ejercicio de humildad, para los que tienen más experiencia es un entrenamiento en paciencia y dedicación al compañero nuevo. Está claro que todos aprendemos porque con la repetición las ideas fundamentales van profundizando en unos y otros.

Vuelvo a casa y en el autobús voy escribiendo estas notas en mi cuadernillo. Cierro los ojos y estoy contenta: He aprendido más de lo que pueda creer. Con tiempo paciencia y constancia ya no es una meta inalcanzable.

Con Javier, Maribel y el grupo llegaré a practicarlo… como mandan los clásicos.
Un abrazo a todos y muchas gracias.

María Antonia Carles

 

Cuando nos enteramos de que había un curso intensivo de empuje de manos y que podíamos hacerlo aunque seamos unas novatas, no lo pensamos dos veces, dijimos que sí a la aventura, aunque sabíamos que no iba a ser nada fácil.

Nos presentamos el sábado con ese espíritu de principiante y con esas ganas de aprender que pueden con casi todo pero además, nos encontramos con unas personas estupendas, con ese brillo en los ojos que tienes cuándo disfrutas lo que estás haciendo. Con Javier que explica paso a paso cada movimiento y repite las veces que hagan falta, con Maribel que nos regala su experiencia y dedicación y la adereza con pequeños truquitos que nos van ayudando a seguir avanzando poco a poco, con el resto del grupo que van trabajando con cada una de nosotras; y aunque el cansancio se iba acumulando cada vez más y hubo momentos en los que parecía que no íbamos a poder continuar al final pudimos superarlos. De esta maravillosa experiencia nos llevamos en nuestro corazón la calidez y el apoyo que nos habéis dado todos y creemos que en nuestra mente por lo menos alguno de los 8 métodos. Somos conscientes de que acabamos de empezar un nuevo camino que tiene un largo recorrido.

Puri Farraces

He terminado hecha polvo. Tengo un moratón justo debajo del deltoides derecho. El peng con la guardia contraria sigue siendo un misterio inescrutable. Los otros peng no son tan inescrutables, pero también me eluden. Me los imagino riéndose por lo bajines, haciendo corrillo con las demás fuerzas, mientras yo los busco –donde no están, claro.

Sin embargo estoy encantada de haber asistido al curso, y dispuesta a repetir en cuanto me ofrezcan otra oportunidad. No es masoquismo, sino afán de aprender (aunque a veces sea difícil distinguirlos). Esa pulsión que nos arrastra y por la que muchos de nosotros hemos terminado en este grupo de trabajo. Un grupo variopinto en orígenes y experiencias, pero con un objetivo en común: aprender taijiquan – y disfrutar en el proceso, de paso. Aunque tal vez no tan “de paso”, porque disfrutar el proceso, es la forma más segura de avanzar.

El proceso de este fin de semana, se centró en los ocho métodos de disco, parte del currículum tradicional del estilo yang, que se utiliza como preparación para el trabajo de tuishou libre.

Sábado 10:00 a.m.  Pues llegué a las 09:30!!! (no es una anécdota, sino un milagro. Madrugar no es uno de mis vicios). Empezamos con el primer método: posición de arco, una mano, descansar, soportar, rodar, an y peng. Similar, en apariencia, a esos círculos a una mano que vemos frecuentemente –bueno, todo lo frecuente que es ver a alguien haciendo empuje de manos. Pura apariencia. Cuando intento hacerlo siguiendo las instrucciones, manteniendo las líneas en la dirección correcta, empujando de forma franca hacia la columna del otro y recibiendo en peng, no en mira-que-músculos-tengo-en-el-brazo, la ilusión de que eso ya sabía hacerlo, desapareció de inmediato. Hora y media dedicada a intentar entender qué está pasando y qué debería estar pasando, al practicar este método – yo hubiera seguido, pero había otros siete métodos esperando.

Después del descanso, el segundo método: dos manos, peng y an. La teoría parecía sencilla: uno usa siempre peng, y el otro an, tanto para avanzar, como para recibir y neutralizar. El problema es que recibir no es fácil, ni en an, ni en peng, neutralizar tampoco, y es aún peor cuando tienes que neutralizar la línea del oponente, pero conservar la tuya, para que puedas avanzar a continuación, cosa que no hay forma de hacer bien, si has cometido el más pequeño error en la neutralización….

Fue algo que se repitió en todos y cada uno de los métodos que estuvimos estudiando: cuando algo fallaba, la causa siempre estaba en alguno de los pasos anteriores. Si la preparación no había sido correcta, la ejecución tampoco lo era.

Extrapolando esto, entendí la secuencia necesaria en el aprendizaje. Es como construir una casa, tienes que empezar por los cimientos y dedicarles toda la atención necesaria. Sólo cuando ya están listos, puedes continuar con la planta baja. Y antes de empezar, debes tener un proyecto que te pueda dar una idea del resultado buscado, y unos planos que te guíen.

En este curso he tenido la oportunidad de observar el proyecto, estudiar los planos y comenzar con los cimientos, ahora queda el trabajo diario, hasta que llegue el momento en que la casa empiece a elevarse del suelo y pueda decir: vaya, ya estoy empezando a hacer tuishou

Afortunadamente cuento con una gran ventaja añadida, bueno, dos: un gran profesor y un grupo de trabajo de lujo.

Esas ventajas tienen su lado oscuro: si no aprendo, no voy a poder echarle la culpa a nadie (que se la va a hacer, las bendiciones nunca son gratis)

Teresa Antón

Ricardo Paris