Crónica del seminario de Jueshou

Por Teresa Antón.

Por fin llegó este fin de semana!  Desde que Javier anunció que iba a montar esta serie de seminarios, sobre el empuje de manos en el estilo Yang, he estado esperándolos como agua de mayo. Son temas que también vemos en clases entre semana, es cierto, pero concentrar el trabajo de todo un fin de semana, es algo que deja huella y se nota luego en la práctica (espero!).

Así que a madrugar y al gimnasio – y como es un trimestre de actividad frenética en el gimnasio Wudao, (manía que tiene la gente de aprender cosas) nos tocó ir a otro local un par de calles más allá. Cosa que no nos molestó en lo absoluto, porque el sitio, además de acogedor, está muy bien montado y la sala que utilizamos parecía haber sido preparada a medida para la veintena de fanáticos, perdón, de alumnos, que nos juntamos allí.

A empezar desde el principio: manos sensibles… bueno, realmente empezamos incluso desde antes: la estructura.

La estructura, esa gran desconocida… suena a broma, pero lamentablemente no lo es. Por mucho que se insista a nivel teórico sobre cómo debe ser la correcta alineación postural, sobre cómo deben efectuarse los movimientos, el recorrido de la cadera, el movimiento de la cintura, aquello de relajar el pecho, abrir la espalda, elevar la cabeza, etc., etc.  es tan, pero tan fácil hacerlo mal sin darnos cuenta… Al fin y al cabo, cuando practicamos una forma, nuestra percepción de cómo nos estamos moviendo, no siempre coincide con lo que realmente estamos haciendo. Me vienen a la mente unos anuncios de tv de hace unos años, una campaña de la DGT, en que salía primero la imagen de alguien aparcando un coche con gran soltura y facilidad, luego mostraban la realidad: alguien, bastante bebido, aparcando a trompicones un coche, chocando con todo lo que había cerca.

Cuando tenemos alguien enfrente e intentamos empezar a sentir lo que está pasando, todos esos fallos empiezan a ser evidentes… en el otro, claro. Lo que pasa es que, después de observar tantas metidas de pata ajenas, al final empezamos a pensar que a lo mejor, quizás, hasta es posible, que nosotros también estemos haciendo algo mal. Y ahí empieza el camino hacia el aprendizaje.

Vale, la estructura a estudio.

Ahora las manos sensibles, el Jueshou. Cruzar manos con alguien sin ningún tipo de afán competitivo, sin intentar empujarle, sacarle, ganarle, sólo pendientes de sentir, de seguir, de mantener la calidad del punto de contacto, de no perderlo en ningún caso…  pues no es fácil, al menos no para mí. Me encanta mandar y detesto que invadan mi espacio personal, así que se me junta el esfuerzo físico/intelectual de mantener mi estructura en su sitio y el punto de contacto vivo, con el psicológico de intentar no morder a ése/a que me está invadiendo sonrisa en ristre. Bufffff, tengo trabajo pá rato.

Pero también tengo la firme convicción de que es el camino correcto. En el curso pude ver las posibilidades del jueshou. Pude entender (visceralmente, que es la única forma de realmente entender estos conceptos) que esa habilidad es la base de cualquier trabajo en parejas, y por extensión, de cualquier trabajo marcial en el taijiquan. La habilidad de sentir la estructura propia y la del otro, de percibir, seguir y, finalmente, controlar el punto de contacto, al cabo del tiempo permite, por evolución natural, mantener la guardia y entrar en la del otro, adquirir la sensación del momento adecuado para una acción o para no actuar.

mmmmmm… “trabajo marcial”…..  la verdad es que yo poco trabajo marcial hago (o voy a hacer), que ya no estoy en edad de repartir, y menos aún de recibir, leña. Pero me sigue pareciendo imprescindible esta parte del aprendizaje, aunque sea en plan light. El movimiento en el taijiquan sólo adquiere sentido y solidez cuando se tiene en cuenta su componente marcial. Las ocho energías sólo se pueden asimilar cuando son emitidas y recibidas, y eso no puede hacerse en solitario, hay que sentirlas en el devenir de un trabajo con un compañero. Sólo después de ese tipo de trabajo, puede trasladarse la sensación a la forma y “llenarla” con algo que no sea pura fantasía.

De modo que, Gracias a Todos los que compartieron ese fin de semana conmigo, porque sin ellos no hubiera podido enterarme de nada.

Y por supuesto, gracias a Javier, que con paciencia y dedicación, sigue buscando la forma de transmitirnos lo que sabe.