Vista atrás sobre un fin de semana con Cuatro Manos

Por Puri Farraces

Acabo de ver el video de este último curso y viéndolo todavía siento ese cosquilleo de excitación cuando vas a hacer algo nuevo.

No puedo hablar del Tuishou a niveles teóricos ni prácticos, pero sí puedo hablar de lo que nos apasiona, nos gusta y motiva para seguir aprendiendo y mejorando, seguir adquiriendo nuevos y mejores conocimientos.

A veces me dejo llevar por pensamientos del estilo “que hace una chica como tú en un sitio como éste” o “por qué me sacas a mí que no tengo ni idea”. Pero creo que siempre hay que tener una actitud positiva y tratar de enfocar de manera diferente lo que haces. Si logras esto, ocurre un pequeño cambio interior que te lleva de la rutina del día a día al descubrimiento de un nuevo mundo lleno de posibilidades.  Te sirve para disfrutar del camino porque en él te vas descubriendo y fortaleciendo.

Creo que en estos curso además de aprender un método me sirven para pensar que puedo ir superando poco a poco obstáculos, como colocar mi cadera, mi codo y mi hombro o como «espiralizar».

Resumiendo y terminando, todo esto me lleva a mantener ese aliciente del aprendizaje día a día y para ir integrando todos los beneficios que encuentro en la práctica.
Siempre lo mejor de todo es la experiencia de compartir con todos vosotros este nuevo desafío.

Gracias siempre por vuestra acogida, dedicación, ayuda y enseñanza.

Por Teresa Antón

Tengo un amigo que asistió a los cursos anteriores (manos sensibles y ocho métodos de disco) y ha decidido no asistir a este de cuatro manos, dejándolo pendiente para la esperada repetición de la serie el próximo año (a ver si Javier toma nota de la indirecta). Puedo entender sus motivos, es un montón de información que necesita tiempo para ser asimilada, pues no requiere sólo de una comprensión intelectual, también el cuerpo necesita aprender. Aprender a percibir, comprender y hacer. Es un aprendizaje que tiene su propio ritmo, un ritmo que no tenemos más remedio que respetar – básicamente porque le da igual nuestra opinión.

Yo decidí asistir, asumiendo el estrés y la frustración generadas por el abismo que padezco, entre comprensión y ejecución. Pero me pareció que era un precio que podía pagar, a cambio de la oportunidad – y el privilegio – de dedicar una docena de horas a profundizar y trabajar los principios del taijiquan. Y trabajarlos en parejas, tocando, sintiendo…

El cuerpo necesita tiempo para aprender, cierto, y no menos cierto es que ese tiempo es compartido, estamos hablando de adquirir habilidades de contacto, para lo que no hay más narices que buscar ese contacto. Es como intentar aprender a montar en bicicleta leyendo – pues va a ser que no. O te subes y te arriesgas, o no vas a conseguir nada.

Uno de mis problemas con el ejercicio de cuatro manos, es que lo había practicado antes, pero de una forma bastante diferente. Mirando ahora, con toda la nueva información, hacia esa forme de practicar, me recuerda un poco el inútil rodar de un hámster enjaulado: brazos dando vueltas, sin apoyarse en ningún principio.

En el ejercicio de cuatro manos siempre deben estar las cuatro fuerzas cuadradas, peng, lu, ji, an, aunque, cuando se acelera el ritmo y se suavizan las energías, las únicas que resultan evidentes para el espectador son lu y an, pero todas están ahí, presentes, y preparadas para ser aumentadas si la situación lo requiere, o si nos apetece cambiar ritmo o intensidad.

Cuando simplemente rodamos sin conciencia ni presencia de las cuatro energías, si tenemos que responder a una acción algo más fuerte del otro, o si queremos intentar desequilibrarlo, no tenemos más remedio que recurrir a técnicas ajenas a los principios del taijiquan, usar “fuerza burda”. Tenemos que tirar del otro, sin poder aprovechar su fuerza, porque no hay adherir-pegar. Tenemos que hacer esquivas forzadas, porque no hay recibir. Tenemos que tirar de masa o músculo, porque no hay peng… en fin, que no estamos haciendo taijiquan, y puestos a no hacer taijiquan, hay otras formas más divertidas de pasar el rato.

Vaya, se suponía que esto iba a ser la crónica de un curso, y me ha salido una (más bien malhumorada) declaración de principios. Probablemente porque aún puedo sentir cómo, en cuanto aceleraba el ritmo de las cuatro manos, volvía al viejo hámster-hábito, y las cuatro energías que estaba empezando a identificar, desaparecían del mapa, como por arte de magia.

Moraleja: niños, aprended bien desde el principio.

Asistentes al curso