Vocación Marcial

Por Luis Espinosa

Sé que no es fácil «realizar una vocación», y menos aún cuando la tenemos que compartir con el trabajo, la familia, quehaceres domésticos, compromisos sociales, etc. Una verdadera vocación és -o debería ser- «una forma de vida». Tal vez la que más nos aproxima a nuestro verdadero yo. La que potencia lo mejor de nuestro mundo interior, ¡pero nos lleva a ciertos sacrificios! (alguién dijo que no hay verdadera satisfacción sin sacrificio). Pero esa «vocación» nos obliga a elegir, a tomar partido. A marginar otras cosas que también nos importan. Una vocación tiene un alto grado de posesividad, de dominio, de fuerza impositiva. Por supuesto no está exenta de sinsabores, decepciones, etc.

Es, en muchos momentos, un camino solitario, austero, incluso doloroso. Lleva frecuentemente a la incompresión de quienes nos rodean, pués, dificilmente entenderán algo con lo que no se identifican. Tener una vocación -cuando ésta es eminentemente creativa- exige tiempo y energía. Supone dedicar gran parte de nuestra actividad mental a analizar, elaborar, descubrir, verificar, infinidad de aspectos relacionados con ella. A veces su pensamiento nos acosa en momentos inesperados y nos lleva a su terreno, no acepta actitudes ambivalentes. Hay algo de mágico en ese sentimiento, ¡es tremendamente «adictiva»!. Aunque, en el fondo siempre terminamos por congratularnos con nosotros mismos y compadecer a esos seres que no han tenido nunca una verdadera vocación, y malgastan la mayor parte de su tiempo entreteniéndose en trivialidades para intentar llenar su vacio interior.

Pienso, que, ha llegado el momento de hacernos esta pregunta: ¿todas las vocaciones exigen lo mismo?. Ciertamente, eso dependerá del tipo de vocación que practiquemos. Hay «vocaciones mayores y «vocaciones menores». Aquí debemos dar paso a la Axiología (parte de la Filosofia que estudia el «órden de los valores»).¡Casi siempre olvidada!

El gran error de nuestro sistema social es, hacernos creer que todo tiene el mismo valor, la misma importancia, el degradante y nefasto juego del… ¡vale todo!. Si tenemos una «vocación mayor», relacionada con el Arte, la Ciencia, las Humanidades, etc, evidentemente nos exigirá mucho tiempo ¡bien aprovechado! y no pocas energías. Si se trata de una «menor»: algún trabajillo manual, coleccionismo, o el cultivo de habilidades menores enfocadas como pasatiempo, esto no nos supondrá una excesiva dedicación.

Decia nuestro mejor filósofo del último siglo, Ortega y Gasset, que: «una auténtica vocación, lejos de tenerla nosotros, nos tiene ella» .¡ Lo considero una gran verdad!.

¿Qué podemos decir con respecto de las Artes Marciales?. ¿En que grupo deberíamos clasificarlas?.Ciertamente el término Artes Marciales engloba una gran cantidad de disciplinas -la gran mayoría de orígen asiático-, que, tienen unas características muy ligadas a las tradiciones históricas de cada país. En nuestro caso la referencia es hacia las de orígen chino (Wu-Shu). ¡Es obvio mencionar que el Tai-Chi-Chuan pertenece a este grupo!. Pero, éste posee una carácteristica muy especial: la de saber integrar en su sistema metodológico las técnicas fundamentales para ofrecer a sus practicantes más asíduos el adecuado equilibrio entre la suavidad y la fuerza, la lentitud y la rapidez, en un flujo constante de polaridad Yin-Yang, que redundará en un apreciable mejoramiento de nuestra salud física y mental, a lo que podemos añadir: el conocimiento de valiosas habilidades marciales que subyacen siempre en él, y a las que no deberíamos olvidar.

Considero, y no creo equivocarme, que las podemos integrar en el «primer grupo», pero, siempre que reunan ciertos aspectos determinantes. El primero de ellos es identificarlas como un Arte, (no como simple deporte competitivo) en el que deberemos buscar un perfeccionamiento de nuestras habilidades psico-físicas y, ¡he aquí algo importantísimo!; cualidades donde predominen la disciplina, la autosuperación, el nivel de compromiso, el respeto hacia el Maestro, el compañerismo, la honestidad, el conocimiento hacia los fundamentos que las configuran, la creatividad, etc. Valores morales que podremos encontrar a través de una práctica bien dirigida y donde no encajan los pusilánimes, los perezosos, los inconstantes…. Lo que sí os puedo asegurar es que; sabiéndonos conceder el tiempo necesario, pocas cosas nos aportarán mayores beneficios.

Si una «vocación marcial» bien planteada puede otorgarnos un alto grado de autorealización personal, si a través suyo encontramos satifacciones personales difíciles de hallar en otros medios y entre otras gentes, ¡tiempo es yá de nos entregarnos a ella con el interés y la dedicación que merece!.

Luis G. Espinosa. (Instructor de Tai Chi Chuan y Chi Kung. Titulado por la FEKWTQ)
Escuela de Tai-Chi-Chuan y Chi-Kung de Móstoles