La rueda de las aplicaciones. Crónica del fin de semana

“Esto no es un curso de taichi, es un curso de distancias y técnicas en el combate válido para todas las artes marciales, pero impartido por un profesor de taichí”. Con estas palabras de Sam Masich comenzamos un largo fin de semana que no permitió en ningún momento que bajáramos la guardia (literalmente) ni parásemos de reírnos y pasarlo en grande. Como siempre Sam supo organizar todos los ejercicios para que todo el mundo pudiera aprovecharlos independientemente de su nivel y experiencia. Al final de la tarde del segundo día, todos estaban tirando patadas, puñetazos, haciendo proyecciones y trabajando en el suelo, eso si, aplicando los principios del taichí en cada uno de los rangos.

El curso partió el sábado desde la distancia media, donde opera fundamentalmente el taichí y tiene lugar casi todo su entrenamiento de empuje de manos. Desde ahí fuimos aprendiendo a ganar terreno, cambiar la distancia realizando cambios entre energías cuadradas y diagonales y experimentando como entrar a la distancia de proyección. Una vez metidos en faena, acortamos más las distancias viendo los principios del tuishou aplicados al trabajo en el suelo, tanto si habíamos iniciado nosotros la interacción como si hubiera sido nuestro oponente el que nos había tirado.

El domingo retomamos el curso desde fuera de la distancia media, empezando con técnicas de puño y finalmente con distintos tipos de patadas para por la tarde poner todo lo aprendido en conjunto.

Como valoración personal, puedo decir que este curso ha llegado en mi caso en el momento adecuado. Llevo muchos años entrenando taijiquan con un especial énfasis en el trabajo en pareja, tanto en mano vacía como con armas. Este año además he empezado a entrenar de forma intensa sanda y defensa personal y en ocasiones sentía ciertas dificultades para integrarlo todo, aun a sabiendas de que tenía que poder hacerlo sin problemas. Esta nueva visión del resto de distancias y como operar con los principios del taijiquan en ellas, me ha permitido sin duda ver como todo se integra a la perfección y como conseguir que el taijiquan siga siendo la base de todo el entrenamiento.

Javier Arnanz

 

Con el sugestivo, y en principio enigmático, título de la «rueda de las aplicaciones del Tai Chi» el Maestro Sam Masich volvió a reunir a un nutrido grupo de practicantes de Tai Chi Chuan, entre los que tuve la suerte de encontrarme, en las instalaciones de la Escuela Superior Serrato Wudao.

En el mismo instante en que comenzó el curso, el siempre cercano y afable Maestro Sam Masich, nos descubrió el poder que, desde el control y no desde la fuerza, puede llegar a ejercer sobre su contrincante quien desarrolle la destreza de moverse con soltura por las distintas puertas que permiten a la energía fluir y manifestarse en un continuo rodar y sucederse.

Ser conscientes de que todas esas puertas unidas (muñeca, codo, hombro, cadera, rodilla, tobillo…) conforman una rueda presente de forma natural en la estructura del contrario y en nuestra propia estructura en cada momento de la práctica fue sólo el comienzo. Después llegaron las ejercicios por parejas dirigidos a poner en movimiento esa rueda, a asociar cada uno de sus tramos con diferentes categorías de energías del Tai Chi Chuan y a diferenciar los distintos niveles a los que éstas pueden operar.

Creo que puedo afirmar, sin temor a equivocarme que para quienes pudimos asistir nunca más pasará desapercibido el inevitable fluir de la » rueda de las aplicaciones que se pone en marcha con la práctica del Tai Chi Chuan». Esta consciencia nos sitúa ente un gran reto: tratar de aprovechar su dinámica para utilizarla como un inexpugnable escudo de acero forrado de suave algodón ante los ataques de nuestros contrarios y como una imperceptible sonda para llegar sin ser percibidos a su centro y, una vez allí, dominar su energía.

Un fructífero fin de semana en muchos sentidos que, a titulo personal, también supuso el reencuentro con Sam Masich, una persona excepcional, con Javier Arnanz, cuya valía personal no tiene nada que envidiar a la de su maestro, con muchos compañeros de práctica a los que hacía demasiado tiempo que no veía y con la siempre cálida acogida que Juan Carlos Serrato ofrece a quienes se acercan a su Escuela. Mi gratitud para todos ellos y la esperanza de volver a verlos muy pronto.

Mercedes Molpeceres Abella
( Escuela Kundaly. Valladolid)