Crónica del Sanshou de las 8 Fuerzas con Manolo Mazón

Nuria Ortiz, Teresa Antón, Jose María Velasco, Ricardo Paris

Una nueva mañana de sábado miraba con una sonrisa la puerta de Wu Shi Dao…, cruzándola continuaba mi aprendizaje del tai chi chuan. Esta vez venía el Maestro Manolo Mazón desde Valladolid – no siempre es necesario recibir enseñanzas desde allende los mares – para deleitarnos con diversas aplicaciones marciales de las fuerzas del tai chi chuan.

Porque mucho se habla de las fuerzas o energías, pero poco se comprenden y se sienten… y si algo hemos hecho este fin de semana es sentir en nuestros propios cuerpos cada una de las energías mientras ayudábamos a nuestro compañero a que también las sintiera.

Ha sido un fin de semana de excepcionales compañeros, de necesario aprendizaje en parejas, porque sin una colaboración constante de todos, es casi imposible sacar provecho a una clase de estas características. Todo ello perfectamente dirigido por la batuta de nuestro maestro vallisoletano deseoso de que se pusieran a prueba su dilatada experiencia con nuevas preguntas (algo digno de alabanza en los círculos del tai chi chuan).

El Maestro nos fue presentando una a una las cuatro energías cuadradas y las cuatro energías de esquina o diagonales, a la vez que íbamos enlazando, poco a poco, a la largo del fin de semana, una forma de sanshou con las 8 fuerzas.

Sé que tras este fin de semana, peng, lu, ji, an, cai, lie, zhou y kao han tomado forma en nuestros cuerpos, las hemos aplicado y las hemos recibido. Ahora toca mantenerlas en la memoria, repetirlas con nuestros compañeros de clase y profundizar en su comprensión. Pero ya no estamos en la etapa de leer y escribir sobre las fuerzas, sino en la etapa de sentir, y este es el salto del fin de semana mientras continuamos nuestro camino.

Agradezco a AprendeTaiChi y a la Asociación Española de Kuoshu, a la que estamos todos apoyando, la organización de este evento y estoy segura de que podremos disfrutar de muchos más en un futuro.

Nuria Ortiz

Ilustración de Jose María Velasco

Un fin de semana aprendiendo, con Manolo al cargo, adaptándose a cada alumno, con esa habilidad tan suya de subir y bajar por la escala de niveles – y sin marearse en el proceso!  Con un grupo de gente amable, dispuesta a colaborar… cielos, la cantidad de puñetazos mal dados que me aguantó uno de mis sufridos compañeros (en teoría yo estaba haciendo peng, pero claro, salía lo que salía), y la cantidad de “espera-a-ver-como-era-esto” que me aguantaron todos…

Lo curioso de practicar técnicas (bueno, en mi caso, de intentarlo), es que resulta aún más evidente lo básico que son los principios, que, sin ellos, a lo mejor es posible mimetizar una técnica en clase, pero es imposible pensar en utilizarla en la calle. Simplemente no hay tiempo. La reacción debe ser inmediata y adecuada a la situación, es el cuerpo el que debe reaccionar, la mente lo que tiene que hacer es no molestar.

Y precisamente para eso veo útil la práctica de técnicas en clase, para que la mente aprenda a relajarse y confiar en el cuerpo, y para que el cuerpo aprenda a confiar en sus propios recursos, para dejarle experimentar una serie de situaciones y salir de ellas… Vaya, me está costando explicar lo que entonces me resultó tan evidente… Una espiral de aprendizaje: primero los principios, luego las técnicas, luego de vuelta a los principios a través de las técnicas y a las técnicas a través de los principios, hasta que las técnicas desaparecen, convirtiéndose en cosas que ocurren por volición propia en el momento adecuado.

En esa espiral de aprendizaje es donde Manolo enmarcó su curso, de los principios del taijiquan a las técnicas, ida y vuelta.

Los principios, las ocho fuerzas – peng, lu, ji, an, cai, lie, zhou, kao – mostradas aisladas, explicadas con palabras e imágenes, hasta donde pueden ser explicadas de esa forma, luego ofreciéndonos recursos para experimentarlas en contacto con un compañero. La única forma en que pueden ser aprehendidas, o al menos intuidas – lo siento, a mí aún “no me salen” y como no sé mentir con un teclado, pues siempre ando poniéndole coletillas a las afirmaciones.

Las técnicas, aderezando las fuerzas básicas con recursos adicionales, propios de la defensa personal (de cualquier arte marcial, realmente): velocidad, aprovechar las reacciones automáticas del otro al dolor, a la sorpresa, a la invasión de su espacio… expandiendo mi visión de los principios, incorporando en ellos esos recursos adicionales, que realmente no son adicionales, sino también básicos, conocimiento y reconocimiento de características humanas que compartimos con el otro y con las que tenemos que contar – al menos cuando no andamos flotando en solitario por ahí

Vale, ahora ya sólo hace falta continuar en el camino – que desde mi esquina se ve largo de narices, pero bueno, alguien dijo alguna vez, que el secreto de la felicidad es vivir como si fueras a morir mañana, y aprender como si fueras a vivir para siempre

Gracias a todos los presentes, por ayudarme a seguir aprendiendo, como si fuera a vivir para siempre.

Teresa Antón