Hacia donde nos dirigimos. De Zhang San-Feng hasta nuestros días

Existen muchas teorías sobre los orígenes del Taijiquan. En general, este arte marcial se atribuye a Zhang San-Feng, un monje taoísta que vivió en el siglo XIII, a finales de la dinastía Song. Al finalizar sus estudios en el monasterio de Shaolín, Zhang San-Feng continuó la práctica de artes marciales y su cultivo espiritual en el templo de la cumbre púrpura del monte Wudang, una de las montañas sagradas más importantes del taoísmo.

Dice la leyenda que un día, Zhang San-Feng observó una pelea entre una serpiente y una grulla. El monje, al ver la habilidad de la serpiente, que esquivaba en círculos los intentos de la grulla por picotearla, pensó en la posibilidad de ser hábil y escurridizo como la serpiente. Esto le llevó a modificar el wushu de Shaolín, relativamente duro, y a desarrollar un estilo más suave conocido como los 32 patrones del puño largo de Wudang, que más adelante se convirtió en el taijiquan. A partir de entonces, se descartaron los métodos externos de entrenamiento como golpear sacos o endurecer las palmas de las manos y las piernas para dar importancia a otros métodos internos como el control de la respiración, la canalización del chi y la visualización. El wushu de Wudang fue pasando a través de varios discípulos derivando por un lado en el Baguazhang (wushu del Pakua) y por otro, a Chen Wang-ting, de la aldea de Chen Jia Gou, en la provincia de Henan, donde a partir de la unión de los conocimientos que tenía de wushu (estilo rápido) con el puño largo de Wudang (estilo lento) desarrolló la primera forma de taijiquan creando el estilo Chen. Realmente, no está comprobado que Chen Wang-ting inventara el taijiquan, pero es evidente que contribuyó en gran medida al desarrollo de su filosofía.

A partir de entonces, el estilo Chen de taijiquan siguió desarrollándose dentro del seno de la familia Chen trabajando en gran medida su aspecto marcial.

Yang Lu-chan fue el primero ajeno a la familia chen que aprendió el arte. Su historia esta llena de leyendas pero la realidad es que una vez dominado el taijiquan de la familia Chen, hizo varias modificaciones desarrollando lo que se conoce por estilo Yang. Yang Lu-chan hizo una importante labor de transmisión del Taijiquan y de varios discípulos suyos surgieron otras variaciones conocidas como el estilo Wu (de Wu Yu-xiang) y el estilo Sun (desarrollado por Sun Lu-tang).

En la actualidad, el taijiquan más popular es el estilo Yang, aunque poco tiene que ver lo que se practica mayoritariamente con el estilo original. Yang Cheng Fu, el Nieto de Yang Lu-chan, amplió y suavizó los movimientos de los patrones de la forma antigua, aprendidos de su padre con la finalidad de fomentar los aspectos que favorecen la salud, quitando saltos, golpes de pies, puñetazos directos y otras actividades enérgicas y agresivas que se adecuaban más al combate. Aunque esta evolución lo vuelve más asequible para personas mayores o menos capacitadas, también tiene el inconveniente de haber desaparecido prácticamente el aspecto marcial. El problema es que si se practica el taijiquan sin tener en cuenta la parte marcial es bastante probable que no se disfruten todos los beneficios que supone para la salud. Como dice Wong Kiew Kit, “si practicas el taijiquan como ejercicio suave y saludable, es probable que experimentes una sensación general de bienestar, pero no creo que desarrolles la velocidad de un ciervo, la serenidad de la grulla, la paciencia del buey, el valor del tigre o la longevidad de la tortuga”.

Si echamos la vista atrás y evaluamos el desarrollo histórico del taijiquan desde Zhang San-Feng hasta  la actualidad, vemos que a medida que el arte avanza en el tiempo, disminuye en calidad. Existen tres etapas características de su evolución. En el Taijiquan de Wudang, el propósito era fundirse con el cosmos. En tiempos del estilo Chen, el arte pasó del cultivo espiritual a la excelencia en el combate. En la práctica actual, en el taijiquan moderno, la práctica marcial casi ha desaparecido, buscando fundamentalmente mantenerse sano y realizando de forma incompleta la parte espiritual, ya que la mayoría de las veces se carece de intención. Aunque todavía es fácil encontrar profesores que tengan relativamente claras las ideas del trabajo real del taijiquan, más fácil es por la gran abundancia que hay, que una persona que se sienta interesada en “aprender Tai Chi”, se encuentre con alguno de los “místicos” o “iluminados”, que se hacen pasar por profesores y aprendan una forma vacía de intención, como si de una coreografía se tratase, toda imbuida de una cierta pseudo espiritualidad que ni siquiera permite conseguir los efectos en la salud que buscó Yang Cheng Fu debido a las grandes carencias y errores sistemáticos que se realizan.

Es obligación del profesor o maestro instruir a sus alumnos en todas las particularidades del taijiquan, así como es obligación del alumno preguntar todo lo que considere necesario, aprender con una mente abierta y con una actitud crítica. No se trata de tragarnos todo lo que nos enseñan ni poner en duda todo lo que nos cuentan, sino ser capaces de discernir si lo que nos están transmitiendo tiene calidad y una base que lo sustente. Todavía se pueden trabajar formas tradicionales o modernas haciendo hincapié en todos sus aspectos. La vuelta atrás y la búsqueda de los principios fundamentales del taijiquan en la actualidad es una ardua tarea, pero no imposible. Es nuestra obligación, si queremos practicar taijiquan y no gimnasia,  trabajar con profundidad en nuestro estilo, para así, poder encontrar los aspectos que hicieron de este arte marcial lo que fue en sus mejores momentos.