La verdadera historia de Yang Lu Chan

Por Maribel Brito

Todo practicante de Tai Chi Chuan que esté interesado en su teoría ha oído hablar del maestro Yang Lu Chan y de las múltiples historias que giran en torno a él y  cómo aprendió el arte del Tai Chi Chuan del maestro Chen Chang-xin y de cómo llegó a convertirse en el creador del Estilo Yang

No se sabe que hay de cierto y que hay de leyenda en torno a todas las historias que, generación tras generación se han transmitido de maestro a discípulo sobre Yang Lu Chan, pero yo os voy a contar la verdadera historia de Yang Lu Chan según me la ha transmitido mi maestro Zhu Sheng´An.

Cuenta la historia que Yang Lu Chan nacido en el año 1799 en el condado de Yong-Nian, provincia de Hebei, era un gran amante de las artes marciales. Perteneciente a una familia adinerada había oído hablar de las excelencias que poseía el maestro Chen del arte del Tai Chi Chuan. Deseoso de conocer este arte y sus secretos, se dirigió a la casa del maestro Chen en la aldea de Chen  Chia Kou y le ofreció importante cantidades de dinero para poder obtener sus enseñanzas. Pero eran otros tiempos, y las artes marciales solo eran enseñadas y desarrolladas dentro del circulo familiar y un intruso, y menos aún por dinero, no tenía posibilidad de acceder a estas enseñanzas.

Yang Lu Chan regresó a su aldea y empezó a pensar durante tiempo como podía llegar al maestro Chen  y recibir sus enseñanzas si éste no accedía a darle a conocer su arte por dinero y, pensando, pensando, decidió ofrecerse como criado. Así que se disfrazó y regresó a la aldea de Chen Chia Kou. Una vez allí volvió a llamar a la puerta de la casa de Chen y preguntó si necesitaban un criado. Quiso la casualidad que por esos días uno de los sirvientes de la casa regresara a su aldea natal y quedara un puesto libre, aunque éste era el mas humilde, pues había que barrer y limpiar la casa y atender el huerto y los animales. Así fue como Yang Lu Chan comenzó a trabajar en casa de Chen. La familia Chen entrenaba su Tai Chi Chuan todos los días durante largas horas y lo hacía en el patio interior de la casa con la puerta cerrada para que nadie fuera de la familia pudiera robar su arte. Yang  a las horas de entrenamiento barría cerca del patio y observaba por un agujero de la pared las enseñanzas que los discípulos recibían, y mas tarde, al llegar la noche, cuando todos dormían; él practicaba todo lo visto. Pero un día fue descubierto y expulsado de la casa del maestro Chen.

Yang Lu Chan tuvo que retornar a su aldea natal pero no se dio por vencido; pensó y pensó hasta encontrar la solución. Esta vez decidió volver y llamar a la puerta del maestro Chen como mendigo. Para que su aspecto fuera mas creíble recorrió a pie los kilómetros que separaban ambas aldeas y así, cuando de nuevo y por tercera vez llamó a la puerta del maestro Chen, su aspecto era de un pobre hombre enfermo y hambriento. Además se hizo pasar por sordomudo para llegar mas fácilmente al corazón del maestro. Cuando la familia le vio acudieron prontamente a ofrecerle comida, ropa limpia y una estera para poder descansar. Pasados unos días, el maestro Chen le hizo entender que ya no podía hacer mas por él y que debía marcharse de la casa; pero Yang Lu Chan no se iba a ir y con gestos y sonidos guturales se ofreció como criado indicando que podía barrer, limpiar y cocinar a cambio de un techo donde cobijarse y un plato de arroz para comer. Chen, hombre conocido por su gran corazón, no tuvo valor para abandonarle y le dejo permanecer en su casa. Y así la vida seguía su curso, la familia continuaba con sus entrenamientos y Yang con su trabajo de criado. Durante varios años Yang observó los entrenamientos de la familia a los cuales podía asistir mientras limpiaba, ya que el maestro consideraba que este hombre amable y trabajador no podía desvelar ningún secreto ya que era sordomudo y no se le conocía familiar alguno.

Fue tal el cariño que el maestro Chen tomó a su criado que permitió que le acompañará al médico y le sirviera el té e incluso comenzó a enseñarle Tai Chi Chuan. Un día estaba Chen con su fiel criado en el mercado cuando empezó a oír voces “Yang Lu Chan, Yang Lu Chan ¿es qué no me oyes?, ¿es qué no me reconoces?”, gritaba este desconocido. Chen se volvió y le dijo “¿por qué gritas? ¿no te das cuenta que no te puede oír por ser sordomudo?” – “¿Sordomudo?. Pero si es Yang Lu Chan de la familia Yang de Hebei. Creo que te ha engañado”. Mientras Yang se esforzaba con gestos en hacer callar a su paisano para que fingiera no conocerle, pero todo fue inútil. El maestro Chen enfurecido le exigió que le mostrase que cantidad de arte le había robado al permitirle participar en sus entrenamientos y después le echo de la casa, perdonándole la vida ya que durante estos años Yang Lu Chan le había servido con respeto y devoción y le había cuidado en su larga enfermedad. Al final había cogido cariño a este apasionado de las artes marciales, que resulto ser un hombre mentiroso y que sin él saberlo tenía mejor kun-fu que el mas destacado de sus alumnos.

Yang Lu-Chan pesaroso de haber engañado a su maestro inició el camino de regreso a su hogar. En el camino le cogió un carretero y al tomar una curva los caballos se asustaron y se desbocaron. El carretero, con tranquilidad y sin usar el látigo para no espantar mas a los animales, paró la rueda del carro sujetándola con una mano. Yang Lu-Chan al ver esto pensó “no he aprendido nada, un simple carretero tiene mas kun-fu que yo”, por lo que se bajo del carro y regreso a la aldea de Chen Chia Kou.

Una vez allí se dirigió a la casa de Chen Chang-xin y con gran humildad le pidió que le tomase como discípulo. Le explicó lo sucedido con el carretero y como había descubierto no tener buen kun-fu.

El maestro Chen que, a pesar de todos los engaños de Yang en el pasado, le quería y le consideraba un hombre de corazón limpio accedió a aceptarle como uno de sus discípulos. De esta forma, pasaron tres años tras los cuales el maestro Chen decidió que Yang ya tenía amplio conocimiento de su estilo. De nuevo le dijo que tenía que marcharse porque ya había aprendido mucho y no tenía mas que enseñarle.

Yang Lu-Chan, por quinta vez, inició el viaje de regreso. Caminando por el sendero encontró a una anciana mujer que lloraba de una manera desconsolada, se acercó a ella para preguntarla que la ocurría y darle su ayuda; cuando sin saber cómo se encontró al otro lado del camino: “¿qué ha ocurrido?, ¿cómo estoy aquí?, ¿qué fuerza me ha lanzado disparado?”. La respuesta era sencilla, la mujer para defenderse del extraño le había aplicado un golpe de Wushu. Yang Lu-Chan se dijó “no es posible, no he aprendido nada, una anciana tiene mas kun-fu que yo” y, como os podéis suponer, Yang inició su camino de regreso a la casa de Chen. De nuevo le contó lo sucedido y le dijo que debía aprender mas.

Durante los tres años siguientes, Yang Lu-Chan trabajó duro entrenando de diez a doce horas diarias, el maestro Chen, viendo su disciplina y nivel, le trasmitió sus secretos aceptándole como miembro de su familia.

Cuando Chen Chang-xin consideró que Yang Lu-Chan era el mejor le volvió a repetir que tenía que marcharse, pero Yang no quería, así que le hizo luchar con sus dos mejores alumnos en el arte de Saholín. Yang Lu-Chan les venció y con ello el maestro Chen le consiguió convencer de que tenía un buen nivel de kun-fu y de que había llegado la hora de despedirse.

Yang Lu-Chan se dirigió a Beijing y trabajó como instructor de artes marciales del Batallón Shen Ji de la corte imperial, al mismo tiempo que era retado por los grandes maestros de artes marciales a los que siempre vencía, ganándose el apodo de “Yang El Invencible”.

A lo largo de los años, basándose en los principios del Tai Chi Chuan, realizó importantes cambios en la forma creando su propio estilo, el ESTILO YANG.

Solo el tesón y la pasión por las artes marciales hicieron de Yang Lu-Chan el gran maestro que todos reconocen.