guadajara1El pasado fin de semana tuvimos la oportunidad de aprender y comprender un poquito más cada una de las trece fuerzas del Taichi Chuan.

Cada una de estas fuerzas las llevamos a la práctica en ejercicios sencillos por parejas, o lo que comúnmente conocemos por Tui Shou o Empuje de manos.

Practicar el empuje de manos es una herramienta imprescindible para alcanzar una mayor comprensión de cada una de las fuerzas, sus ángulos de aplicación y las técnicas que contienen. Es la única manera de ejercitarnos en nuestro propio conocimiento y en el del contrario.

No obstante, para entenderlas a fondo es necesario trabajar bajo la supervisión de una persona experta. Nosotros tuvimos la suerte de contar con el maestro Manuel Mazón.

Menos mal que contábamos con una sala inmensa, si no, difícilmente hubiésemos cabido todas las personas que estuvimos el fin de semana practicando taichi, deseosas de aprender algo más.

Iniciamos el seminario con una clase abierta de manejo del palo, realizando sencillos ejercicios individuales y por parejas que nos ayudaban a trabajar hombros y muñecas a la par que practicábamos técnicas milenarias usadas ya en las labores cotidianas de la Antigua China.

El sábado y el domingo lo dedicamos exclusivamente a practicar los métodos de empuje de manos aprendiendo a desarrollar un poco más el sentido de la interrelación yin y yang, de la cesión y del empuje.

El ambiente fue sensacional y todos nos implicamos con todos, profesores, alumnos y neófitos. Este ambiente hizo que el seminario fluyera y que se fuera adaptando a las necesidades que se iban planteando, comprendiendo y practicando a través de la aplicación del método estas ocho energías haciendo especial hincapié en los cuatro frentes, Peng, Lü, Ji y An.

Manolo fue explicando a través de ejercicios sencillos cómo funcionan estas fuerzas ayudándonos a reconocerlas en los movimientos que realizamos en nuestras formas sean del estilo que sean y trasládandolas al empuje de manos.

Cambiar de pareja constantemente nos ayudaba a practicar las energías modificando tu manera de actuar. Porque cuando una persona practica las formas en solitario, es posible que crea que su equilibrio y su raíz es buena, que tiene la posición correcta y la relajación adecuada, pero en cuanto un compañero le pone las manos encima (en el buen sentido de la palabra)y le da un empujón, se ponen a prueba todas esas suposiciones.

El domingo finalizamos el curso con la sensación de haberse quedado corto, cansados y felices y sabiendo que es ahora cuando empieza el verdadero trabajo, el trabajo duro…la práctica diaria, la comprensión interna.

Personas que, como yo, pasamos en su día de puntillas por la práctica del Tui Shou tenemos que agradecer a Manolo Mazón el habernos ayudado a mirar más allá, a cuestionar patrones establecidos y a ver el Taichi Chuan desde una perspectiva diferente.
Gracias Manolo, por tu dedicación, tu paciencia, tu sencillez y sobre todo, por transmitirnos un poquito del gran saber que acumulas.

Esther Olvido

 

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El taichi no es una coreografía

Recientemente tuve la ocasión de participar en un pequeño curso intensivo de TaiChi impartido por el maestro Manuel Mazón. Confieso que me acerqué desde la más absoluta ignorancia sobre, como descubriría a los pocos minutos, este bello arte marcial. Hasta ese momento mi creencia sobre el Taichi se reducía a una hermosa, lenta y ancestral coreografía que las personas mayores del lejano Oriente practicaban en los parques al ritmo de la música que suele escucharse en los restaurantes chinos.

Pero no, estaba equivocada totalmente, influenciada tal vez por los prejuicios y por qué no, tal vez por la falta de interés que hay en Occidente en profundizar en el sentido último de la sabiduría oriental.

Esther Olvido Corral del Rey, profesora de Taichi, me animó a participar en el curso. Las bondades que ésta me contaba del Taichi y de los conocimientos de Manuel Mazón dibujaron en mi mente un plácido fin de semana de danzas suaves y músicas evocadoras, pero tras los quince primeros minutos sentí la tentación de abandonar, lo que ciertamente hubiera ocurrido de no haber recibido el apoyo de mi buena amiga Esther; todo se me hacía complejo, difícil, imposible.

Y así, poco a poco, me dejé llevar por el Taichi personificado en el maestro Manuel, sin lograr memorizar formas y métodos, sin avergonzarme de mi descoordinación, tan sólo sintiendo la energía en mi interior y dejándome aconsejar por los compañeros y compañeras que con mucha paciencia y cariño me mostraron una manera diferente- y muy especial- de entender el plano físico y el metafísico simultáneamente.

La verdad es que nunca me he sentido atraída por las artes marciales, provengan de China, de Roma o de la Marina norteamericana. Me inquieta la violencia como entretenimiento y mucho más como espectáculo, ya sea el brutal boxeo o la elegante esgrima. Pero el impacto de descubrir el Taichi como arte marcial no fue un impedimento para percibir que sobre la violencia se impone la belleza, y sobre la mecánica la inteligencia.

Me encantó la sencillez y humildad de Manuel. La verdad es que no se muerde la lengua a la hora de manifestar sus opiniones sobre el Tai-chi, a veces desafiantes al oficialismo imperante, todo ello en contraste con la calma y delicadeza con la enseña. Con él es fácil percatarse de que las formas y combates emergen de un universo de equilibrio. Tres son los conceptos en los que sintetizaría lo aprendido: la raíz, la fuerza y la importancia de conocerse a sí misma (permítaseme el femenino genérico).

Encontrar la raíz, ese centro de gravedad personal, favorece la realización de los movimientos y también el control de la fuerza, sin perder el equilibrio y sin dañar el cuerpo. Toda una posible analogía con la vida postmoderna, la cual nos ha permitido lograr cotas de libertad y conocimiento inimaginable hace unas décadas, pero que obliga al ser humano a reformularse constantemente en una búsqueda permanente de su identidad. La raíz del Tai-chi impele a buscar el equilibrio dentro antes que a exigirlo fuera, a conocerse a sí mismo para poder enfrentar al adversario que, como se verá más adelante, no son los demás.

Lo inteligente es fluir con la vida, fundirnos con las fuerzas adversas y aprovechar ese momento para encontrar la debilidad del supuesto adversario. Y digo supuesto porque pienso que en la lucha de la vida, todos y todas ejercemos el papel de víctima y verdugo, como también de receptores y cocreadores de felicidad. Unas veces vamos con la fuerza del enemigo para abatirle y otras veces el enemigo nos acecha nutriéndose de nuestra propia fuerza. Solemos pensar que son los demás los que nos lastiman, cuando en realidad el daño nos lo infringimos nosotros mismos, aunque hay que ser muy valiente para aceptarlo.

En este momento sería incapaz de enumerar todas las fuerzas del Taichi pero sí me atrevo a afirmar que éstas no pueden desarrollarse en su plenitud sin hacer caso al dicho del maestro “tu principal enemigo eres tú”. No es un aforismo culpabilizador sino revelador de que el potencial de todas las fuerzas residen en nosotros. Encontrar el equilibrio de las fuerzas y la raíz de nuestro ser mediante el autoconocimiento, la perseverancia y la humildad nos facilitan el cambio, la mutación constante del ser.

Es difícil, por no decir imposible, progresar hacia un mundo más armónico sin previa y simultáneamente hacerse responsable de una misma y de iniciar en el interior la transformación que deseamos encontrar en el mundo y en los demás. Ahora que conozco un poquito más el TaiChi, creo que es una magnífica vía de hacer realidad el aforismo inscrito en el templo de Apolo de Delfos “conócete a ti mismo”, que bien pudiera servir de puente entre la sutil sabiduría oriental y racionalismo occidental ejemplificado en la antigua Grecia.

Araceli Martínez

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