Enésimo campamento de verano, la ineludible cita con Sam Masich que nos da el trabajo de los próximos meses (o lustros…). Y esta vez iba a ser la joya de la corona de las formas del estilo Yang la que llegaba. El San-shou de 88 movimientos del estilo Yang. El fin y el comienzo.

Después de unos años trabajándola en clase con Javier Arnanz y tras el seminario previo que dio sobre esta forma, muchos pudimos ir con ella sabida en ambos lados incluso con cierta calidad en la misma (también podremos tirarnos flores de vez en cuando, ¿no?). Es una forma de combate de dos personas donde se suceden los ataques y las defensas y vemos como en ambos papeles, desde la relajación y la correcta estructura es desde donde mejor se trabaja. En la forma se ve claramente la utilidad de todos los campamentos de verano anteriores: desde cómo crear el contacto con el compañero a base de sostener y descansar; el trabajo con el punto de contacto (rodar, pivotar, transferir, intercambiar); cómo manejar la fuerza que nos llega (escuchar, comprender, recibir, neutralizar, atraer, sellar, atrapar y emitir); las 4 energías cuadradas (peng, lu, chi y an) y las 4 diagonales (cae, lie, zou, kao) y el trabajo del da lu; y el manejo de nuestra propia estructura (abrir, cerrar, elevar y hundir).

El seminario empezó el sábado, en esta ocasión en un grupo más reducido al que estamos acostumbrados, pero perfecto para trabajar y todas caras conocidas. Nos emparejamos los que se sabían la forma con los que no de tal modo que todos pudiésemos avanzar a velocidades similares y de vez en cuando se cambiaba de compañero para experimentar “otros tactos y energías”. Empezamos directamente con la forma, la idea era que en los cuatro días, con sus dos sesiones en cada día, aprendiésemos 11 movimientos en cada una. El objetivo, que al final logramos alcanzar, vimos que fue duro hacer en cuatro días a ese nivel de detalle.

Se fueron sucediendo las explicaciones y las demostraciones. Hablando del puñetazo de una pulgada, anécdotas de Sam, descansos para los desayunos y pausas de la comida… y la forma iba avanzando poco a poco. Descubrimos cosas relacionadas con temas pasados de las que ampliamos conocimientos y abrimos apetito para temas futuros (energía larga, energía vacía y energía de taladrar). Y por supuesto, todo con la elegancia didáctica de Sam, la paciencia de Javier como traductor y el enorme interés de todos los estudiantes que estábamos ahí.

La forma de 88 es algo que en clase siempre la entrenábamos con ganas y respeto, pero con todas estas nuevas sutilezas en el trabajo de la forma, la diversión y el trabajo duro no ha hecho más que empezar. El fin y el comienzo. Ya solo queda jugar, y jugar, y jugar, y jugar, y…

Santiago Arnanz