Por José Sanchez

El Tai Chi Chuan es ante todo un arte marcial como bien indican sus orígenes. Encontramos en las formas multitud de puños, patadas, palancas y proyecciones en los diseños que dibujan los movimientos.

Encontramos también esquivas, desplazamientos en todas las direcciones, ejercicios de sensibilidad y formas de posicionar nuestros ojos.

Todo el contexto marcial lejos de embrutecernos, nos hace sutiles pues fue creado por genios y por maestros de la energía.

Si rechazamos esta esencia no estamos en disposición de entenderlo, adaptarlo o dominarlo al carecer de los recursos y criterios para los que fue creado. Quien niega sus raíces no puede recoger buenos frutos y así sucede también en el edulcorado y versionado mundo del Tai Chi Chuan.

Lejos de practicar el arte completo, muchos practicantes se conforman con realizar coreografías vacías en nombre del Qi, evadiendo el yang en favor del yin, esto es, escapando del entrenamiento marcial, que en origen estaba destinado a manejar nuestra propia sombra, fuerza y violencia… y escapar de lo que nos ata sólo encierra aún más nuestros propios nudos.

Practicar Tai Chi como arte marcial no es un ejercicio destinado a los antiguos sino una necesidad para aquel que reclame para sí la fuerza del leñador, la elasticidad del niño y la sabiduría del anciano.

Es posible ser rápido practicando un arte lento, es posible ser fuerte practicando un arte suave, es posible ser ágil practicando un arte sutil.

Es posible para ti, si entiendes y practicas el arte completo.

Reclama los beneficios y demuéstrate que son posibles, más allá de leyendas, maestros y escuelas.

 

José Sánchez García
Director Escuela Wu Chi
Experto en Artes Marciales Internas