LAS POSIBILIDADES CURATIVAS DEL SONIDO: aproximación oriental y occidental

Y en el principio fue el VERBO…

Desde el principio de los tiempos existe el sonido. El sonido acompaña la existencia de todas las cosas y la vida misma. El mundo tiene infinitud de sonidos naturales o provocados por cualquier ser vivo: las constantes vitales, los elementos de la naturaleza (el rayo, el viento, la lluvia…), las ciudades, los bosques, el cielo… todo es sonido. El sonido implica movimiento y vida.
Según las investigaciones de las últimas décadas sobre física cuántica, y enlazando con la teoría de la relatividad de Einstein, se ha demostrado que más allá de la materia física palpable hay espacios, hay vibraciones… en un mar de agua (nuestro cuerpo está constituido por un 80% de agua). En el fondo, parece que somos vibraciones. Somos vibraciones que sintonizamos con las diferentes frecuencias de todo lo que nos rodea: el microcosmos con el macrocosmos.
Si el sonido nos afecta como parte de la naturaleza que somos, el sonido nos podrá inducir a diferentes estados anímicos o mentales: nos podrá revitalizar, relajar, nos hará enloquecer o nos ayudará a centrarnos y recuperar la salud.

Pero… ¿qué es el sonido exactamente?

Según la Real Academia, el sonido es la “sensación producida en el órgano del oído por el movimiento vibratorio de los cuerpos, transmitido por un medio elástico, como el aire”. Y es que el sonido es energía (las ondas sonoras son flujos de energía a través de la materia como la luz o el calor) que se puede organizar en formas, figuras, comportamientos y proporciones matemáticas. Es el origen de las cosas y es el que nos une a nuestros orígenes como seres vivos, en gestación en el útero de nuestra madre. Más adelante retomaremos el efecto del sonido y la música en ese periodo de la vida y cómo nos servirá de forma terapéutica.

¿Y el ruido es sonido?

No. El sonido está producido por vibraciones regulares y periódicas, en cambio, el ruido, por vibraciones irregulares y caóticas que dan esa sensación de tumulto o barullo, de sensación desagradable. Es curioso saber que la palabra ruido proviene del latín rugitus, es decir, el rugido de un animal que comunica alarma, amenaza. Así pues el ruido como rugido animal nos predispone a estar en un estado de constante alerta con el consiguiente desgaste muscular, neurológico, mental y espiritual sostenido e innecesario que esto comporta.

La Real Academia se refiere al ruido como sonido inarticulado (sin formar palabras) desagradable. Así pues se trata de algo molesto que, por sus vibraciones molestas, puede afectar muchísimo a nuestra salud. Esto nos daría un punto de reflexión sobre las ciudades actuales y el desarrollo acelerado que estamos viviendo. Estamos perdiendo la dimensión natural y humana que siempre ha sido la base de nuestra existencia. Al construir inmensas ciudades ruidosas e inhóspitas nos estamos alejando de la madre Tierra que nos ha hecho existir, es decir, de nuestros orígenes. Como ya expresó el descubridor del bacilo del cólera, Robert Koch: “Algún día el hombre tendrá que combatir el ruido como en otro tiempo combatió el cólera y la peste”. Si pensamos en la desarmonía, y el ruido lo es, es la madre de todos los males.

¿De qué se compone el sonido?

Como todo movimiento ondulatorio, el sonido es una onda que se puede medir por su longitud, frecuencia, periodo o tiempo, amplitud, fase y potencia. Todas estas variables permiten cuantificar el sonido, darle una forma matemática real.
He aquí una onda sónica, con sus movimientos ondulatorios regulares:

Las características o cualidades del sonido son las siguientes:

  • El tono o frecuencia fundamental de las ondas sonoras, que nos permite diferenciar los sonidos graves de los agudos y se mide en ciclos por segundo o hercios (hz).
  • La intensidad o cantidad de energía acústica del sonido y viene determinada por su potencia débil o fuerte y se mide en decibelios (dB). Para oír algo se debe superar los 0 decibelios y no llegar al umbral de dolor (140 dB).
  • El timbre o cualidad del sonido que nos permite diferenciar los diferentes instrumentos o voces y les da una característica única.

¿Cómo emitimos sonidos?

El ser humano emite sonidos mediante el proceso de fonación lo que nos permite emitir sonidos y articular palabras. De forma muy simplificada, el aire que es exhalado al hacer vibrar las cuerdas vocales (unos repliegues membranosos en la laringe) y al pasar por una determinada forma de articular la boca forma sonido y palabras. Así pues el ser humano es instrumento e instrumentista a la vez que hace vibrar así el sonido y lo hace resonar con su propio cuerpo.

Y la música… ¿que sería entonces?

El sonido, combinado con el silencio, es la materia prima de la música. Según la Real Academia, la música es la “combinación de melodía, ritmo y armonía. Es el arte combinar los sonidos de la voz humana o de los instrumentos, o de unos y otros a la vez, de suerte que produzcan deleite, conmoviendo la sensibilidad, ya sea alegre, ya tristemente”.

La música, como vibración, nos afecta física y espiritualmente. Nos puede inducir a estados de agresividad, de tranquilidad, de bienestar, de exaltación…

Con todos estos conceptos sobre el sonido y la música podemos intentar abordar el tema de la curación mediante estas ondas ondulatorias energéticas que vibran a través del aire, el sonido. De sus efectos terapéuticos y orígenes.

¿En qué consiste el sistema oriental de los 6 sonidos curativos del doctor Sun Si Miao?

Los 6 sonidos curativos (en chino, Liu Zi Jue) son 6 sonidos: Xu, He, Hu, Si, Chui y Xi cuya frecuencia de onda consigue una resonancia con cada uno de los diferentes órganos del cuerpo y equilibra así la energía vital (Qi) y del cuerpo entero. Es un sistema originario de las primeras culturas chamánicas que utilizaban el sonido, los cantos, las danzas y la música con fines curativos. El doctor Sun Si Miao recogió la sabiduría popular y las técnicas chamánicas del norte de China para elaborar sus ejercicios curativos para cada órgano a través de estos 6 sonidos y la conciencia del color que le corresponde a cada órgano según la Medicina Tradicional China.

Sonido – Órgano – Color

Sonido

Órgano

Color

SHIIII
como indicando silencio
labios en suave sonrisa
(pinyin: XU)
Hígado / Vesícula BiliarIntención en los ojos
(abiertos como platos)
Verde
JAAAA
como Jarrón
labios entreabiertos
(pinyin: HE)
Corazón / Int. delgado
Intención en la lengua

 

Rojo
JUUUUcomo Julio
labios redondeados en “o”

(pinyin: HU)

Bazo/Estómago
Intención en los labios y boca
Amarillo
ZZZZZcomo el zumbido de mosquito
suave sonrisa

(pinyin: SI)

Pulmones / Int. grueso
Intención en la nariz
Gris
CHUEIIIIcomo Chulo
forzar sonrisa hasta orejas

(pinyin: CHUI)

Riñón / Vejiga
Intención en las orejas
Azul
SIIIIIcomo Silla
labios suavemente hacia atrás

(pinyin: XI)

San Jiao / Pericardio
Intención en todo el cuerpo vibrando

 

Todos a la vez

 

Enlazando con esta tradición tan antigua del siglo V, en occidente también se ha retomado el interés por los métodos sobre los poderes curativos de los sonidos y la música. Uno de ellos es el denominado “Efecto Mozart” acuñado por el doctor Albert Tomatis, dedicado durante más de cincuenta años al estudio de los efectos fisiológicos del sonido.

¿Quién es Albert Tomatis?

Alfred Tomatis es médico, otorrinolaringólogo, foniatra y cirujano, conocido por sus facetas de investigador, teórico e inventor. Sus investigaciones, reconocidas por la Academia de Ciencias Médicas de París desde 1957, han constatado las relaciones entre el oído y la voz, la escucha, el lenguaje y la comunicación. Uno de los planteamientos básicos de Alfred Tomatis fue la distinción entre oír y escuchar. Definió la escucha como un proceso activo de la voluntad de entender que permite un análisis rápido y preciso de los sonidos que se oyen, mientras que el hecho de oír es un proceso pasivo en el que simplemente se percibe el sonido. Es necesaria la integración de lo que
oímos y escuchamos para lograr una buena comunicación. Según Tomatis, podemos aprender a escuchar, y en base a este principio elaboró una pedagogía de la escucha que trabaja con música de Mozart, gregoriano o la propia voz de la madre.

Desde el punto de vista clínico conjugó su pasión por la música y canto heredados de su familia (su padre Humbert Tomatis era cantante profesional en la ópera de París) y su práctica clínica. El Método Tomatis consiste en un entrenamiento de integración neurosensorial en la escucha.

De ahí desarrolló lo que se conoce como Efecto Mozart que consiste en la propiedad de algunos tonos y ritmos de fortalecer la mente, activar la creatividad, emociones y sanar el cuerpo, presentes en la música de Mozart.

¿Por qué el Método Tomatis considera que la escucha es tan esencial para emitir sonidos?

Tomatis determinó que la escucha es esencial para la producción de la voz:

  • La voz, no contiene lo que el oído no escucha.
  • Si modificamos la audición, la voz es inmediatamente e inconscientemente modificada.
  • Es posible transformar duraderamente la fonación por una estimulación aplicada durante un cierto tiempo, ley de remanencia.

En el vientre materno, antes de nacer el niño ya se relaciona con la madre y oye. Se inicia la futura comunicación del individuo con su entorno y su desarrollo psicoemocional. Tomatis concluyó que las condiciones psicológicas durante el embarazo son muy importantes. Por esta razón, en los casos donde se observa que el embarazo pudo ser conflictivo y que el niño no pudo establecer correctamente la relación con su madre, se realiza un tratamiento con la voz de la madre y a veces también con su participación activa en el tratamiento. Más tarde, cuando se restablece la comunicación afectiva con la madre se pide también la participación del padre.

El feto oye en un ambiente líquido y es capaz de oír las constantes vitales de la madre (respiración, circulación, movimientos peristálticos, latidos del corazón…) y capaz de percibir las emociones de la madre a través de todos ellos (por ejemplo, la respiración a un ritmo alto le indicará nerviosismo). Este descubrimiento le llevó a inventar el Renacimiento Sónico, en el cual se filtran sonidos uterinos simulados para tratar problemas de escucha y trastornos emocionales.

Y ¿por qué Tomatis escogió a Mozart?

Tomatis presentó pruebas materiales (gráficos objetivos) que analizaban autores como Mozart, Salieri, Bach y Beethoven entre otros, y concluyó que Mozart poseía una características más limpias y diferenciadas: velocidad, pasajes fluidos, gran movilidad de los tejidos armónicos, periodicidad (ondas regulares, pero espaciadas), frecuencias altas y sonidos simples y puros de las melodías. Tomatis llegó a la conclusión a partir de sus ensayos que la música de Mozart tranquiliza a los oyentes, mejora la percepción espacial y les permite expresarse con más claridad. Esto es debido a que su música es transparente, sin artificio y nos permite acceder a una sabiduría interior más profunda.
En el caso de reemplazo de una madre ausente para los niños, Mozart es el que ofrece los mejores efectos. En concreto, los conciertos de violín son los que generan el mayor efecto curativo en el cuerpo humano.

Según Tomatis, ¿qué tipos de sonidos afectan al ser humano y a su entorno?

El oído normal puede detectar frecuencias de sonido desde 16 hasta 20.000 hercios. En sus investigaciones Tomatis concluyó que los sonidos de alta frecuencia (de 3.000 a 8.000 hercios o más) por lo general resuenan en el cerebro e influyen en las actividades cognitivas como el pensamiento, la percepción espacial y la memoria. Los sonidos de frecuencia media (750 a 3.000 hercios) tienden a estimular el corazón, los pulmones y las emociones; y los sonidos bajos (125 a 750 hercios) influyen en el movimiento físico.

Por lo que respecta a la potencia del sonido, declara que el dolor empieza a los 125 decibelios. La escala decibélica es logarítmica, cada 10 decibelios es el doble del anterior. Así una música a 110 decibelios es el doble que el ruido de una taladradora de 100 decibelios.

En total, diferentes métodos, el oriental y el occidental, nos llevan a un mismo puerto: los sonidos pueden curar
Pues sí…

Tanto el sabio Sun Si Miao como el doctor Tomatis creían en el poder transformador y sanador del sonido y la resonancia en nuestro cuerpo interior.

Teniendo en cuenta su característica de onda, el sonido afecta a todo lo que le rodea.

Sintoniza con nuestro cuerpo físico y emocional y tiene la capacidad de RESONAR. Esta RESONANCIA producida va a ser el canal curativo, o sea, la interacción entre dos esencias capaces de vibrar al unísono.

A través del oído y la escucha nos convertimos, según Tomatis, “en una antena receptora que vibra al unísono con la fuente de sonido”. “A través del oído el exterior sónico se conecta con el interior sónico. A través de la médula, los nervios auditivos conectan con todos los músculos del cuerpo. A través del nervio vago, el oído interno conecta con la laringe, el corazón, los pulmones, el estómago, el hígado, los riñones, la vejiga y los intestinos.”

Todas estas conexiones que se han investigado, los antiguos chinos ya las conocían en sus sistemas de conexiones de macro y microcosmos, no les hizo falta estudiar anatómica y científicamente todas las conclusiones a las que se han llegado actualmente, aplicaron su método empírico e intuitivo.

A través del principio de resonancia occidental encontramos a uno de los personajes más científicos de la historia china: Sun Si Miao. Este prestigioso médico y alquimista chino del siglo V construyó el sistema de 6 sonidos curativos que aún está vigente en la actualidad. El sonido mediante sus vibraciones y resonancias provoca un efecto terapéutico en el cuerpo y en los órganos vitales, dependiendo del sonido emitido.

Y para acabar una buena lista de efectos beneficiosos que nos aporta la música: mens sana in corpore sano (procedente del libro de Don Campbell, El efecto Mozart).

La música…

  • enmascara los sonidos y sensaciones desagradables
  • hace más lentas y uniformes las ondas cerebrales, para mejorar la focalización de la atención y el bienestar general
  • influye en la respiración
  • influye en el ritmo cardiaco y la presión arterial
  • reduce la tensión muscular y mejora el movimiento y coordinación del cuerpo
  • influye en la temperatura
  • aumenta los niveles de endorfinas (la hormona de la felicidad)
  • regula las hormonas del estrés
  • estimula la actividad inmunitaria
  • cambia nuestra percepción del espacio y del tiempo
  • refuerza la memoria y el aprendizaje
  • favorece al productividad
  • favorece el romance y la sexualidad
  • estimula la digestión
  • favorece la vitalidad y la resistencia
  • mejora la receptividad inconsciente al simbolismo
  • genera la sensación de seguridad y bienestar

 

Imma Lizondo
immaliz@hotmail.com
Diplomada en Acupuntura
Profesora de Qigong
Instituto Qigong
www.institutoqigong.com

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:

Leonelli, Núria. Apuntes de curso de formación para instructores de Qi Gong.
Campbell, Don, El efecto Mozart, edt. Urano, 1998

PÁGINAS WEB CONSULTADAS:

http://www.filomusica.com/filo85/sindrome.html

http://www.angeltomatis.com/tecnica_tomatis.php

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/TOMATIS/_ALFRED/parto/sonico/elpepisoc/

19880618elpepisoc_2/Tes/

http://www.uwosh.edu/departments/psychology/rauscher.htm

http://www.mozarteffect.com/

http://www.integrareiki.com/efectomozart.html