Por Núria Leonelli

A pocos kilómetros del turístico y muy concurrido templo de Shaolin, en el Parque Nacional de Shongshan, vigilado por la atenta mirada de los 36 picos de la montaña sagrada y abrigado por enormes árboles centenarios, se encuentra el templo de las monjas de Yongtai, cuna de las artes marciales, esta vez, en versión femenina. Yongtai, construido durante la dinastía Wei del Norte, es considerado el primer monasterio de mujeres, monjas, budistas y artistas marciales.

La primera referente, fémina, monja y budista data de antes de la llegada de Damo, se trata de una princesa llamada Zhuanyun que vivía siguiendo los principios del budismo en una pequeña ermita, hoy templo de Yongtai

Una vez Damo llega y se establece en China (500 d.C) cuenta con 4 fieles seguidores entre los que se encuentra una mujer: la princesa Ming Lian que pertenece a la familia imperial de Liang Wu Di. Damo enseña qigong y artes marciales a esta joven monja budista que en aquel entonces cuenta tan solo 13 años de edad. Ming Lian se distingue por su destreza en el wushu y es considerada la primera mujer Maestra en Artes Marciales y fundadora del templo que se construye en el lugar donde estaba la ermita de la primera monja budista Zhuanyun.

La princesa Yongtai es la tercera referente en la saga de féminas, budistas y artistas marciales. Hija del emperador Xuanwu de la dinastía Wei del Norte, vive en la ciudad imperial de Loyang muy cerca del templo que en aquel entonces se llamaba de Ming Lian. La princesa entra en contacto con el budismo Chan y decide hacerse monja; gracias al mecenazgo de su familia, el templo es ampliado, restaurado y dotado de todas las comodidades. A partir de entonces el majestuoso edificio es llamado Templo Imperial de Yongtai y coincide con el periodo de mayor apogeo, pues en aquella época el templo alberga a 1.000 monjas budistas que entrenan diariamente qigong y artes marciales con todo tipo de armas y a mano vacía. Durante aquella época las monjas realizan un trabajo de obra social con los habitantes de la zona dado que les enseñan artes marciales para que puedan defenderse de los bandidos que acechan la zona y les enseñan a leer y a escribir. Las monjas, siempre caritativas, ofrecen a los más necesitados todo lo necesario que obtienen gracias a los copiosos donativos de la corte imperial, por lo que las monjas budistas y especialmente la princesa Yongtai son admiradas y muy queridas por todos los habitantes. La princesa Yongtai es reconocida por ser una virtuosa del wushu y del qigong, también se distingue por sus conocimientos en Medicina Tradicional China, especialmente en el área de la fitoterapia (curación mediante hierbas y otras sustancias).

Las monjas de Yongtai entrenan el mismo wushu que sus vecinos los mojes de Shaolin. También mantienen una organización jerárquica análoga, además las Maestras de Artes Marciales son enterradas junto a los Maestros de Shaolin en el pequeño bosque de pagodas.

El monasterio de Yongtai que ha sido reconstruido tantas veces como ha sido quemado y devastado, tiene la misma estructura que el templo de Shaolin: una recinto rectangular en el que se sitúan a lo largo de su eje longitudinal todos los edificios: la Sala del Rey del Cielo, la Sala de Sakyamuni, la Sala de la Princesa, el Templo Budista, la sala de los 6 Ancestros. Al final se alzan dos viejas torres. En el exterior linda a la derecha del recinto la escuela de artes marciales de las monjas que actualmente está en remodelación. Las murallas que rodean el recinto son las mismas que suelen construirse en residencias y edificios notables dado que confieren seguridad y reserva, además en este caso, simbolizan el –recogimiento- característico de un monasterio budista.

Cabe destacar la Sala de la Princesa reconstruida en tiempos de la dinastía Qing, ampliada y remodelada en 1999 para reconvertirla en su interior en una doble sala. El tejado cubierto por tejas lacadas de color amarillo ofrece un aspecto de ingravidez, sus aleros salientes despuntan hacia arriba y parecen flotar en el aire. En su interior se erige una estatua de jade de la Princesa Yongtai, en una mesita al frente se aglomeran las ofrendas.

Otra construcción que merece destacar es el Templo Budista que fue levantado durante la dinastía Qing. Delante del portalón un enorme incensario humeante ebria los sentidos y sugiere la reverencia. A los lados y sobre unos soportes metálicos, los fieles depositan velas que tienen la forma de flor de loto. Rapsodia de flores con perfume ahumado. En su interior apreciamos las estatuas de Sakyamuni, Wenshu y Pushian pero lo mejor son los frescos de las paredes laterales que con acertada técnica de luz y de color muestran cada uno de los 18 Arhats. La cubierta es de tejas lacadas de color verde.

Dentro del recinto y delante del Templo Budista el protagonismo de un milenario “Ficus religioso” es indiscutible, las monjas lo llaman “Bodhi tree” porque es el mismo tipo de árbol bajo el cual Buda se sentó hasta alcanzar la iluminación; el sol se abre paso entre las hojas para proyectar en el suelo pequeños claros y oscuros que forman un extraño mosaico de sombras que brindan irrepetibles aproximaciones al sosiego y a la contemplación. En un lado se alza un secular álamo que parece haber alcanzado la sabiduría de la renunciación; el árbol solitario transmite una profunda serenidad. Un gingko, testigo mudo de la vida monástica femenina, parece recrearse en sí mismo, parece sumamente satisfecho de ser lo que es. Cada árbol ha arraigado en el sitio donde mejor despliega su carácter para quebrar el orden simétrico de la arquitectura del recinto, o mejor dicho, de la poesía de la arquitectura. La naturaleza, insultante, persiste en su devenir de formas abrazando y salpicando el recinto monástico. La atmósfera se densifica, la energía alrededor vibra y se inflama, un halo de budismo y artes marciales palpita en el ambiente.

Se ven pocas monjas. A pesar de su cabello rapado y del maltrecho hábito de color gris plomo que no las favorece en absoluto, las monjas tienen la cara bonita, no pueden evitar reflejar en su rostro la armonía interior. El ambiente invita a pensar en el pasado para rescatar imágenes con rostros inventados de algunas mujeres que al igual que las monjas de Yongtai dedicaron su vida a las artes marciales: Yim Wing Chun que desarrolla y funda, a partir de las enseñanzas de otra fémina, la monja Ng Mui, un arte marcial muy efectivo que lleva su mismo nombre; Yue Nu, la mejor espadachina habida en todos los tiempos de la historia; Mulan, celebre heroína, caracterizada en el mundo occidental por Walt Disney, que se disfraza de hombre para alistarse al ejército y combatir al invasor, consiguiendo gracias a su valor, múltiples victorias. Y, éstas fueron, solo algunas de las más conocidas artistas marciales, porque existieron otras, menos conocidas, y probablemente existieron otras muchas más que jamás fueron conocidas en la historia.

En el año 1963, el templo de Yongtai ha sido declarado monumento de interés nacional y está protegido por el gobierno de la provincia de Henan. El programa de restauración de los últimos años se ha realizado gracias al donativo privado de 1,5 M de € que ha realizado una Sra. China cuyo nombre se desconoce, dado que prefiere mantenerse en el anonimato.

Núria Leonelli
Directora y Profesora del Instituto de Qigong
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