Por Núria Leonelli

Es una realidad, en nuestra ciudad Barcelona, podemos ser victimas de un agresor en situaciones tan cotidianas como en los desplazamientos que realizamos a pie o en coche durante la madrugada o la noche, al estacionar nuestro vehiculo en el parking privado, cuando subimos a un ascensor o a la salida de un cajero automático.

La defensa personal empieza con una -actitud preventiva- para con las diferentes situaciones que nos plantea la vida y que comprometen nuestra integridad física y emocional. Estar atento es la clave para nuestra seguridad. Toda situación de violencia siempre es precedida por señales que muestran pistas de lo que va a suceder, por tanto, hay que prestar atención al entorno, ser receptivos y saber reconocerlas.

La defensa personal –preventiva-, es un estado psicológico que se incorpora a nuestra rutina y se caracteriza por un estado permanente de alerta que, sin llegar a un comportamiento paranoico, permite una rápida detección ante un posible peligro. Estar alerta significa estar atento, darse cuenta y percibir el momento “aquí y ahora”. Cuanto mayor es la atención y la conciencia, la percepción es más clara e intensa. La atención se ejercita y se desarrolla tratando de estar atento en todo lo que realizamos en nuestra vida cotidiana, para ello se requiere esfuerzo y volición. Estando atento iremos ganando cada vez más atención, al igual que se aprende a caminar, caminando, se aprende a estar atento, estando atento. Anticiparse para evitar un peligro es muy superior a reaccionar ante él, esta habilidad comienza por observar el entorno para ser capaz de detectar y reconocer cuando se está siendo evaluado como potencial víctima. El objetivo es localizar e identificar peligros potenciales y actuar para evitarlos.

Se sabe que los delincuentes siempre seleccionan a sus victimas. Es sorprendente el resultado de un estudio realizado con presos a los que se les mostraba un video con personas en actividades diarias, y se les preguntaba a que victimas elegirían para atracar. Todos eligieron el mismo tipo de persona y descartaron el resto. Los maleantes escogen a las personas menos complicadas para atacar, prefieren a las que perciben como menos aptos para defenderse por cuestión de edad, salud, sexo, y claro está en este ultimo colectivo está incluida la mujer, además seleccionan a cualquier persona, independientemente de éstos parámetros, que tenga una actitud distraída o despistada. De hecho, siempre son las mismas amigas que han sufrido el tirón de bolso o el robo del monedero.

Conocer que lo primero que hace un agresor es un proceso de selección y el conocer sus criterios hace que podamos evitar convertirnos en un objetivo deseable.

Cuando se camina por la calle hay que observar a las personas del entorno, hay que darse cuenta como se comportan, si nos vigilan, merodean o nos siguen. No es aconsejable pasear con auriculares dado que disminuye el grado de percepción especialmente si alguien se acerca por detrás. No hay que olvidar que el beber alcohol reduce nuestras facultades, no solo en la carretera si no en las caminatas a casa. Sujeta con decisión y firmeza el bolso debajo del brazo o llévalo cruzado en bandolera. El posible agresor captará esta actitud alerta y vigilante e irá en busca de una presa más fácil.

A la actitud atenta hay que incorporar una serie de hábitos de seguridad, y todo ello se traducirá en una reducción considerable de posibilidades de convertirse en diana. Podemos resumir en tres las estrategias de seguridad. La primera es la -visibilidad-, los delincuentes no quieren ser cogidos, por tanto al incrementar tu grado de visibilidad ante el público reduce la posibilidad de selección; la segunda es el -aislamiento-, lo más probable es que te intenten agredir cuando estas solo, un solo agresor desestima parejas o grupos dado que se le complica su acción; la tercera es la -intrusión-, un asaltante no puede agredirte si no llega hasta ti, por tanto hay que cerrar bien tu entorno inmediato, coche o casa. Todas las tácticas de seguridad derivan de estas estrategias.

Hay que evitar los lugares solitarios, con pocas personas. Una mujer sola se convierte claramente en objetivo. La hora del día es determinante, de noche hay poca gente y poco trafico rodado, por tanto un asaltante tiene menos posibilidades que le vean y le cojan. Un lugar seguro de día puede convertirse en totalmente inseguro de noche. Cuando se camina solo de noche es conveniente escoger calles bien iluminadas; en la acera lo más seguro es ir por el lado del asfalto para evitar la sorpresa de un atracador al salir de un portal o una esquina. Si es una carretera es mejor caminar por el lado izquierdo, de cara al tráfico, lo que evitará que un coche identifique la persona en la distancia y se detenga a su lado. Cuando se circula en coche por la ciudad lo mejor es poner el seguro en las puertas y llevar las ventanas tan subidas, como sea posible.

La defensa personal -preventiva- además de proporcionarnos una aplicación practica: protegernos de un agresor, es un buen ejercicio que desarrolla la empatía, la tranquilidad y la confianza en nosotros mismos. La auto-defensa, práctica que se estudia en las artes marciales, es un camino que no conduce a la violencia sino al auto-conocimiento y desarrollo personal, porque al final la experiencia nos enseña que el enemigo nunca se encuentra en el exterior, sino siempre dentro de nosotros mismos.

Núria Leonelli
Directora y Profesora del Instituto de Qigong
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